El irresistible encanto de ‘Eddie the Eagle’
- 4 abr 2016
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Haciendo un poco de investigación acerca de la recién estrenada Eddie the Eagle, me topé con una recomendación que no puedo evitar compartir: "ve a ver esta película, pero solo si te gusta sonreír". Y aunque no hay nada que me satisfaga más en la pantalla grande que ver un buen drama de esos devastadores, en ocasiones hay que ir al cine buscando sonreír, aun cuando ya se realice esta práctica de forma cotidiana (por lo menos en mi caso, afortunadamente).
Y es que "Eddie the Eagle" parecería una historia confeccionada expresamente para hacer feliz a la audiencia, si no fuera porque se trata de un caso real (aunque, claro, con sus modificaciones hollywoodenses que, a decir del verdadero Eddie Edwards, son abundantes).

Desde pequeño, Eddie se fijó una meta que muchos tacharían de inalcanzable: participar en los Juegos Olímpicos. ¿Su desventaja? Ser muy torpe, aún más inocente y tener escasa habilidad deportiva, eso sin contar la desaprobación de un padre que no tiene paciencia para las aspiraciones doradas de su hijo. Sin embargo, su perseverancia invencible, una madre dedicada y una laguna en los reglamentos le otorgaron la anhelada oportunidad de representar a Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988 en Calgary.
La cinta de Dexter Fletcher narra la historia de Edwards (Taron Egerton; Kingsman: The Secret Service), un optimista irredento que pudo hacer lo que nadie excepto él creía que lograría: medirse ante los mejores atletas del mundo siendo un amateur que empezó a saltar con esquís cuando ya era un adulto. Su apoyo lo encuentra en Bronson Peary (Hugh Jackman), quien fuera una promesa en la misma disciplina pero cuya imagen pública quedó manchada por el escándalo y con una carrera fallida debido al alcoholismo.

Uno pensaría que alguien tan atractivo como Egerton no podría encarnar al perdedor convencional, al underdog que tanto aluden los de habla inglesa, al torpe, al bonachón, al que cae y vuelve a caer (literalmente), pero el joven actor galés hace un excelente trabajo al frente de una película que nunca lo pierde de vista. Taron es capaz de transmitir la lucha interna y externa de Edwards, su voluntad inquebrantable; incluso a recrear, con pura actuación, los rasgos faciales que caracterizan al deportista.
Aunque no tengo problema con usar el adjetivo para describir a una mujer, o a una prenda de vestir, por ejemplo, detesto usar la palabra "bonita" para describir una película. Siento que en ese contexto la abarata, la sobresimplifica, la trivializa, pero, en este caso, y sin denostar sus méritos (que son muchos), no me queda otra opción que decir que Eddie the Eagle lo es. La cinta es un ejemplo de que se puede contar una historia feliz e inspiradora sin recurrir a la cursilería y a la manipulación. Y sí, es muy bonita.

FERNANDO RAFAEL QUINTERO es licenciado en Comunicación y actualmente se desempeña como reportero digital en Entravision.
En su tiempo libre, que últimamente es nulo, bloguea sobre cine en su sitio Committed to Celluloid.







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